Publicado en Artículos de Opinión

América (Latina) en la Encrucijada

Facundo Fernández. Internacionalista

Introducción

Este ensayo que plantea la situación actual de América Latina partiendo del título del libro de Francis Fukuyama busca presentar cuales son los desafíos, limitantes y opciones ante los cuales se enfrente la región hoy en día.

Estas opciones, estos limitantes y amenazas que su histórico papel de región altamente dependiente de la coyuntura internacional le hacen jugar, plantean una situación de encrucijada entendida esta respecto a los rumbos que la inserción internacional de la región deberá seguir.

A partir de un breve desarrollo histórico de la proyección de América Latina al mundo, en el cual partimos del concepto de inserción asociándolo a una política típica de los Estados en desarrollo y relacionada estrechamente con la dependencia comercial de la región respecto del mundo, pondremos énfasis en los procesos de integración y como estos han sido un motor, de un tiempo a esta parte, de la proyección del continente.

Igual importancia se le dará al trato de los regímenes e instituciones internacionales, los cuales han jugado un rol preponderante y han sido objeto de reclamo y controversias por parte de América Latina.

Finalmente y como objetivo esencial de este trabajo, se deja planteada la necesidad constante y permanente del debate. Debate claro y con las opciones a la vista es al que debe someterse América Latina para diseñar un estratégico plan de inserción internacional.

América Latina en el Mundo

 Francis Fukuyama tituló América en la Encrucijada a su ensayo que analiza el rol de EEUU a partir de la primera década del siglo XXI.

En tal trabajo el autor se cuestiona cuáles deben ser las políticas a llevar adelante por el gobierno norteamericano, partiendo del caso del atentado a las Torres Gemelas y la posterior acción de EEUU dentro de Naciones Unidas.

Tanto el término encrucijada, como el cuestionamiento que el autor hace respecto a la permanencia y funcionamiento de los regímenes internacionales, en este caso Naciones Unidas, resultan pertinentes para presentar, someramente, la situación actual de América Latina.

La encrucijada histórica a la que América Latina se ha visto enfrentada radica en su inserción en el mundo. Nos referimos a la forma en la que los distintos países de la región comercializan, negocian y se posicionan en una realidad cada vez más dinámica.

En tal sentido cobra importancia el análisis del concepto de inserción, partiendo de la consideración que este es típico de los países en desarrollo. Salvo excepciones, como los casos de Brasil, México, y en alguna medida Argentina, los países de América Latina poseen un mercado de consumo interno tan poco significante que sería imposible explicar la viabilidad comercial de tal país sin hacer mención a la forma en la que este se inserta en el mundo, por lo que, de sus flujos comerciales previstos a través del comercio internacional depende una parte fundamental de su desarrollo.

Desde una perspectiva histórica y, como mencionamos, América Latina ha dependido siempre de la acción exterior, o, mejor dicho, de actores extra regionales.

 Según nuestra consideración, la globalización aceleró las dinámicas de inserción y llevó, por otra parte, a acortar la figura de los Estados en su rol tradicional como decisor en el ámbito internacional. Esta realidad que no es regional, si no mundial, pone a América Latina ante la imperiosa necesidad de identificar un rumbo como propio, y trabajar a partir de allí.

Lo que vemos es que, si bien la dependencia de su posición en el mundo y su relacionamiento  con actores extra regionales es una constante histórica, la dinámica actual lleva a una nueva encrucijada para la cual es necesario diseñar una estrategia de inserción internacional.

Importancia de la Integración en la proyección de América Latina

Los procesos de integración han tenido en la región, desde comienzo del siglo XIX, un rol fundamental.  El análisis de su evolución, sus fundamentos y concepciones merece y ha sido objeto de estudio por sí mismo.

Lo que buscamos ahora es relacionar los diversos procesos de integración en América Latina como políticas tendientes a proyectar la inserción de la región en el mundo.  En tal sentido vemos como estos procesos han sido un puente entre la acción individual de los Estados regionales, bajo una lógica de escaso poder de negociación, y los Estados extra regionales. Es decir, los procesos de integración han tenido como objeto principal posicionar a los países de América Latina como un jugador activo en la dinámica internacional.

La lógica de la globalización, a la que hicimos referencia, lleva a que el mundo de hoy sea el de los grandes espacios continentales, los Estados Nación tradiconales evolucionan hacia Estados Continentales. Esto se traduce a que los pequeños Estados, sin capacidad de incidencia actuando individualmente, tengan que, necesariamente unirse a un bloque para constituirse en parte activa de la dinámica internacional.

En tal sentido entendemos que a América Latina le falta mucho para constituirse en un Estado Continental y es, en definitiva a esto que debería apuntar la integración en la región. Uno de los mayores problemas que han enfrentado estos procesos de integración han sido los limitantes políticos, que se traducen en trabas a la hora armonizar políticas regionales, sin las cuales resultan imposibles consolidarse como bloque y actuar fuera de la región.

Tal realidad, que se explica en parte considerando los fuertes nacionalismos al interior de los Estados lleva a que coexistan diversos procesos que, en muchos casos, resulta difícil diferenciar sus objetivos. Esta multiplicidad de foros y organizaciones en las que se repiten los miembros y varían muy poco los fines dan cuenta de que el continente presenta grandes líneas de fisura, y su integración, entendida como un bloque, está aún lejana.

Esta es, a nuestro entender, la primer gran encrucijada a la que América Latina se enfrenta hoy. La integración, al menos los modelos tradicionales, como los conocemos, necesitan se repensados, sobre todo aquellos modelos importados de Europa.

Actual dinámica del comercio internacional

Entendemos la integración como una política estratégica de los Estados de América Latina en búsqueda de mejorar su inserción internacional. Esta inserción que, en sentido amplio significa formar parte de la toma de decisiones en materia política, comercial, medio ambiental, en derechos humanos y un sinfín de aristas, tiene un espacio determinante para el comercio internacional.

La matriz exportadora de los países de la región y por ende, su ecuación de comercio internacional, estuvo determinada desde los comienzos de la vida independiente por un flujo en el que se exportan materias primas y se importan manufacturas.

Esta realidad, explicada en extenso por Raul Presbich,  nos habla de términos de intercambio desiguales, crecimiento empobrecedor o teoría de la dependencia. Robert Gilpin sostiene, a su vez, que la globalización nos lleva a procesos de interdependencia asimétrica, entendida en el sentido de que lo que crecen unos países lo decrecen otros.

Es por esto que, en un primer momento, la integración es planteada como una forma de hacer crecer los flujos intra regionales, favorecer la industria y dejar de ser tan dependientes de las economías desarrolladas, de cuyo comercio se extraían las consecuencias recién mencionados.

La dinámica de la globalización, a la que hicimos referencia, lleva a que el mundo este hoy más integrado, y que los procesos de integración sean el tablero sobre el cual se juegan las cartas del comercio internacional.

A su vez, esta realidad posicionó a América Latina como un jugador, con mejores o peores cartas pero al fin un jugador, sin el cual el juego no avanza.

En esta realidad entonces, América Latina tiene que tomar decisiones y estas decisiones deben ser estratégicas, como lo han sido las que lo llevaron a posicionarse como el mayor proveedor de alimentos, recursos naturales y otros commodtites de vital importancia.

Regímenes, Organismos e Instituciones. ¿Mecanismos de reglas claras o legitimantes de la dominación?

Una de las posibles formas de reducir las asimetrías y las relaciones de interdependencia a las que se enfrentan los Estados cuando se abren al mundo, y que conlleva, entre otras cosas, a la pérdida de autonomía nacional, es el establecimiento de reglas claras.

En términos de teoría de las relaciones internacionales encontramos una vertiente que dedica su análisis, su objeto de estudio a la teoría de los regímenes.

La corriente del neoliberalismo institucional, habla del aumento exponencial de la interdependencia entre los Estados sin que necesariamente aumenten los conflictos, lo que le rebate la teoría a los postulados realistas.

 Krasner nos da una definición bastante lineal de lo que un régimen internacional es, definiéndolo como “un conjunto de principios, normas, reglas y procedimiento de toma de decisiones implícitos o explícitos en torno a los cuales las expectativas de los actores convergen…”

Este postulado es analizado a su vez por Robert Glipin, quien da cuenta de esta necesidad, argumentando que el surgimiento de normas mínimas así como instituciones que reglamenten la actividad económica resulta fundamental para la economía política internacional.

Sin embargo vemos como, en el mundo actual conviven las instituciones y las reglas, con las asimetrías. Surge entonces un nuevo debate y acerca de le legitimidad de estos regímenes.

Kehoane argumenta que los regímenes internacionales son una característica necesaria de la economía mundial requerida para facilitar la eficiente operación de la economía internacional.

Cuando los Estados experimentan el éxito dentro de un régimen internacional aprenden a cambiar su propio comportamiento e incluso a redefinir sus intereses nacionales. Este punto es discutible, o al menos a nuestro entender, incompleto.

Según nuestra postura, los Estados que experimentan el éxito dentro de un régimen internacional son  aquellos que tienen más poder dentro de tal institución, y que, por ende ya poseen un bagaje de poder por fuera. En definitiva, quienes ganan en la dinámica de los regímenes internacionales tradicionales son los Estados poderosos y más que redefinir sus interese nacionales según los lineamientos de la institución a la que pertenecen, definen las políticas de las instituciones según sus interese nacionales.

Quizás el ejemplo más concreto de esto sea, si bien se trate de un tema militar (aunque, ¿acaso no era un interés económico el que motivo está empresa?) la invasión de EEUU a Irak, cuando sin contar con la legitimación  del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, es decir, sin que se apoyara su interés nacional, actuó por fuera, tema tratado, precisamente, en el libro de Fukuyama.

Según Kehoane, los regímenes internacionales son necesarios para preservar y estabilizar la economía internacional.

En contraposición con el planteo de Kehoane, encontramos la postura de Susan Strange, como crítica a la teoría de los regímenes.

Según ella, los regímenes son un polémico aparato  designado para legitimar la continua dominación de EEUU sobre la economía mundial. Estos regímenes han sido económica, política e ideológicamente basados en los intereses de EEUU y no han sido nunca neutrales.

Strange sostiene que, por medio del structural power entendido en términos de poder duro, de temas de Alta Política, EEUU ha prolongado su periodo de hegemonía.

Según tal postura, los regímenes serían, claramente, una estructura de legitimación del poder, y que acentuarían la interdependencia asimétrica.

Sobre este punto resulta necesario referirnos a los nuevos actores que hoy surgen como una opción distinta en la escena internacional. El grupo de los BRICS, como países emergentes da cuenta de una nueva realidad, en la que el poder tradicional se desplaza o al menos es cuestionado, precisamente por sus instituciones.

La presencia de actores emergentes que se posicionan como influentes da cuenta de los cambios que se están dando en el sistema internacional y ante esta dinámica del sistema internacional América Latina debe tomar decisiones.

Respecto a estas decisiones y al rol que la región juega en el mundo, y, ateniéndonos a lo concerniente al comercio internacional, cobra vital importancia la presencia de regímenes u organizaciones internacionales.

Los países de la región han clamado, históricamente, por el establecimiento de una organización en donde sus reclamos respecto a las relaciones comerciales con los países desarrollados fueran escuchados y en donde se establecieran reglas que garantizaran, o, al menos consideraran la posibilidad de ganancias mutuas.

En el ámbito del comercio internacional esta instancia la constituyó, primeramente, el GATT. Este Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles no era una organización internacional, sino un foro en el que se discutían rebajas arancelarias. En el contexto histórico que se creó, saliendo de la Segunda Guerra Mundial los países europeos y EEUU desarrollaban una política comercial basada en la protección, por lo que las dificultades de acceso a estos mercados fueron significantes.

Los productos agrícolas fueron los más discriminados, lo que llevo al reclamo constante respecto a un trato diferencial por parte de los países en desarrollo. Estos reclamos, entre otros, llevaron a la Ronda Uruguay y a la posterior creación de la OMC, ahora sí, con el estatuto de organización internacional.

Pero las trabas y las dificultades para los países en desarrollo se mantuvieron, disfrazadas ahora de medidas no arancelarias, medidas fitosanitarias, normas de origen, trabas en aduana y un sinfín de etcéteras, que a la larga continúa mostrando la disparidad del comercio internacional.

Esta situación ha llevado a que los regímenes internacionales sean cuestionados así como la teoría fundamental sobre la cuales se sustentan. Susan Strange sostiene que los regímenes terminan siendo legitimante del poder de los grandes Estados y este ha sido un reclamo constante de los países de América Latina y que nos lleva a dos puntos centrales, desde los cuales comenzamos.

El primero, la necesidad y la pertinencia de la integración, de una integración real y diseñada hacia la concreción de un objetivo común.  Y el segundo, la situación de encrucijada en la que, volviendo a la comparación con el trabajo de Fukuyama, también se encuentra EEUU respecto a su rol en los organismos internacionales, aunque claro, en la vereda de enfrente.

Por una parte América Latina clama por el establecimiento de regímenes internacionales en los que, actuando como grupo, tengan mayor poder de negociación y sus voces sean escuchadas. Por otra parte estos distintos sistemas se han mostrado como inoperantes.

La inserción de la región ha estado condicionada siempre por las distintas situaciones coyunturales del mundo. Actualmente y, como vimos, América Latina tiene otro peso pero aun así es sumamente permeable y dependiente de los shocks extranjeros.

Convulsiones y limitantes actuales en la política internacional

Distintos sucesos han acontecido en un periodo relativamente breve de tiempo que lleva, una vez más, a plantear el debate acerca de la estrategia que los países de la región deben llevar adelante.

La negociación de mega acuerdos regionales entre EEUU y Asia, entre EEUU y la Unión Europea encuentra la contracara de procesos similares impulsados por China. De estos solo tres países de la región forman parte, Chile, Perú y México lo que, de adoptarse muestran lo relegada que queda la región ante una realidad comercial que es insoslayable.

Esta dinámica negociadora muestra, además, que las bases sobre las cuales se asienta la OMC son ahora cuestionadas no solo por los países en desarrollo, sino también por los desarrollados.

La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea marca un revés en la consolidación de tal proceso y abre una interrogante acerca de cómo serán las relaciones de ahora en más con América Latina.

Si de interrogantes hablamos, el ascenso de Donald Trump a la presidencia de los EEUU se presenta como un cuestionamiento con mayúsculas respecto al rol que la región jugará en la agenda internacional norteamericana. Partimos de la consideración de la nula mención que el presidente electo ha hecho respecto al continente.

Por otra parte, el proceso político que vivió la región desde comienzo del siglo, el denominado giro a la izquierda en el cual distintos países de la región vieron llegar al poder a Presidentes de corte progresista, parece estar llegando a su fin. Tal ciclo que culmina abre a su vez un signo de pregunta sobre qué rumbo tomará la economía regional, principalmente respecto a dos aristas: la integración regional y el relacionamiento con potencia extra continentales.

La situación en Venezuela que lleva a acentuar la crisis político institucional del Mercosur en el cual además el país que está llamado a ser el líder, Brasil, también se encuentra en un proceso al menos inusual desde el punto de vista político institucional, y las dudas respecto a la consolidación del gobierno de Macri en Argentina hacen ver que la situación del Cono Sur merece una especial atención.

Todos estos ingredientes se van agregando a la receta del debate acerca de los rumbos y los lineamientos que los países de América Latina, actuando juntos o individualmente, deben llevar adelante. Lo que queda claro es que este debate, siempre necesario, se vuelve hoy imperante.

¿Más integración? Pero ¿Cómo? ¿Reforzando los procesos existentes o crenado nuevos? O, por el contrario, ¿deben los países de la región buscar la inserción a través de acuerdos de libre comercio con economías extra regionales, actuando individualmente?

Todos estos ingredientes nos llevan a pensar en una América (Latina) en la Encrucijada.

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La economía del absurdo

Marisela Cuevas Sarmiento. Economista @maricusa10

Con un mediocre y siempre cuestionable desempeño económico, la llamada Revolución Bolivariana, quien lleva 18 años en el poder en Venezuela, sigue empeñada en mantener un autodenominado “modelo” cuyo único resultado ha sido la destrucción del aparato productivo de un país que tiene todas las condiciones y recursos para brindar a sus ciudadanos calidad de vida, prosperidad y desarrollo.

Basados en un esquema marxistoide, disfrazado de socialismo, los adláteres del líder del Socialismo del siglo XXI, se circunscriben en la economía del absurdo para caotizar propiciando, no el crecimiento y la diversificación, sino la corrupción y cualquier tipo de negocios conexos que les generan inconmensurables beneficios personales a la élite que gobierna, a costa de generar distorsiones fiscales, monetarias y cambiarias para el resto del país.

Por increíble que pudiera parecer, la economía venezolana concentra la mayor cantidad de problemas jamás vistos en un solo país y al mismo tiempo: para el año 2016, la mayor inflación del planeta rondando el 700%, escasez de productos por el orden del 65% y en medicinas llega al 85%, un déficit fiscal que alcanzó el 20% del PIB, múltiples tipos de cambio, cuyos diferenciales entre sí presentan valores vergonzosos e impresentables, caída de la inversión privada en más del 80%, niveles ficticios de desempleo completamente incoherentes con las cifras de decrecimiento del PIB y un largo etcétera, puesto que cada alteración en los agregados macroeconómicos tiene innumerables efectos en el resto de las variables. Esto sin considerar las consecuencias de la caída de los precios del petróleo, que no ha hecho otra cosa que profundizar los efectos de todos las alteraciones en materia económica.

Es así como resulta predecible que continúe el decrecimiento (-12% para el año 2016 y estimaciones de -6% para el 2017, de acuerdo a cifras del Fondo Monetario Internacional) mientras se sigan implementando políticas económicas que continuarán profundizando las distorsiones y el empobrecimiento de la población, paradójicamente cuando en el resto del continente las expectativas de crecimiento son alentadoras y positivas, claro está, ninguno de esos países aplica medidas económicas contra sus propios intereses.

Asimismo, dentro del cuadro surrealista en el que se desenvuelve la economía venezolana y como complemento a la recesión y literal paralización del aparato productivo, se suman las señales del inicio de un proceso hiperinflacionario que acentuará los efectos de todos los desequilibrios macroeconómicos y profundizará el deterioro de la escasa calidad de vida de los ciudadanos.

Todo esto consecuencia de la ignorancia que propicia y profundiza el caos para luego buscar enemigos, excusas y eslogans publicitarios que justifiquen la infinita incompetencia de quienes inmersos en un sesgo ideológico perverso, irresponsablemente dirigen el destino de más de treinta millones de habitantes, con la única intención de aferrarse al poder político y preservar sus beneficios.

¿Qué hacer? salir de lo absurdo y transitar hacia la coherencia en materia económica, manteniendo el status quo político será prácticamente imposible, de hecho, un escenario negado. Las decisiones que requiere la maltratada economía venezolana, no tienen cabida en el sustento ideológico de la Revolución Bolivariana. Por ejemplo, las espirales inflacionarias no se se resuelven con inefectivos y populistas aumentos de salario mínimo, sino con medidas coherentes y focalizadas en el logro de objetivos macroeconómicos claros, mensurables y realistas, pero por sobretodo, lógicos.

Definitivamente el camino hacia el progreso y el desarrollo, no solo económico y moral, pasa inexpugnablemente por un cambio político y de visión de país, pero eso es solo el inicio, aguas abajo hay muchísimas cosas que hacer. Es una ficción que la economía del absurdo que actualmente se vive pueda de alguna manera generar mejoras sustanciales en Venezuela.

Mientras el absurdo se mantenga, la locura continúa…