Publicado en Artículos de Opinión

La economía del absurdo

Marisela Cuevas Sarmiento. Economista @maricusa10

Con un mediocre y siempre cuestionable desempeño económico, la llamada Revolución Bolivariana, quien lleva 18 años en el poder en Venezuela, sigue empeñada en mantener un autodenominado “modelo” cuyo único resultado ha sido la destrucción del aparato productivo de un país que tiene todas las condiciones y recursos para brindar a sus ciudadanos calidad de vida, prosperidad y desarrollo.

Basados en un esquema marxistoide, disfrazado de socialismo, los adláteres del líder del Socialismo del siglo XXI, se circunscriben en la economía del absurdo para caotizar propiciando, no el crecimiento y la diversificación, sino la corrupción y cualquier tipo de negocios conexos que les generan inconmensurables beneficios personales a la élite que gobierna, a costa de generar distorsiones fiscales, monetarias y cambiarias para el resto del país.

Por increíble que pudiera parecer, la economía venezolana concentra la mayor cantidad de problemas jamás vistos en un solo país y al mismo tiempo: para el año 2016, la mayor inflación del planeta rondando el 700%, escasez de productos por el orden del 65% y en medicinas llega al 85%, un déficit fiscal que alcanzó el 20% del PIB, múltiples tipos de cambio, cuyos diferenciales entre sí presentan valores vergonzosos e impresentables, caída de la inversión privada en más del 80%, niveles ficticios de desempleo completamente incoherentes con las cifras de decrecimiento del PIB y un largo etcétera, puesto que cada alteración en los agregados macroeconómicos tiene innumerables efectos en el resto de las variables. Esto sin considerar las consecuencias de la caída de los precios del petróleo, que no ha hecho otra cosa que profundizar los efectos de todos las alteraciones en materia económica.

Es así como resulta predecible que continúe el decrecimiento (-12% para el año 2016 y estimaciones de -6% para el 2017, de acuerdo a cifras del Fondo Monetario Internacional) mientras se sigan implementando políticas económicas que continuarán profundizando las distorsiones y el empobrecimiento de la población, paradójicamente cuando en el resto del continente las expectativas de crecimiento son alentadoras y positivas, claro está, ninguno de esos países aplica medidas económicas contra sus propios intereses.

Asimismo, dentro del cuadro surrealista en el que se desenvuelve la economía venezolana y como complemento a la recesión y literal paralización del aparato productivo, se suman las señales del inicio de un proceso hiperinflacionario que acentuará los efectos de todos los desequilibrios macroeconómicos y profundizará el deterioro de la escasa calidad de vida de los ciudadanos.

Todo esto consecuencia de la ignorancia que propicia y profundiza el caos para luego buscar enemigos, excusas y eslogans publicitarios que justifiquen la infinita incompetencia de quienes inmersos en un sesgo ideológico perverso, irresponsablemente dirigen el destino de más de treinta millones de habitantes, con la única intención de aferrarse al poder político y preservar sus beneficios.

¿Qué hacer? salir de lo absurdo y transitar hacia la coherencia en materia económica, manteniendo el status quo político será prácticamente imposible, de hecho, un escenario negado. Las decisiones que requiere la maltratada economía venezolana, no tienen cabida en el sustento ideológico de la Revolución Bolivariana. Por ejemplo, las espirales inflacionarias no se se resuelven con inefectivos y populistas aumentos de salario mínimo, sino con medidas coherentes y focalizadas en el logro de objetivos macroeconómicos claros, mensurables y realistas, pero por sobretodo, lógicos.

Definitivamente el camino hacia el progreso y el desarrollo, no solo económico y moral, pasa inexpugnablemente por un cambio político y de visión de país, pero eso es solo el inicio, aguas abajo hay muchísimas cosas que hacer. Es una ficción que la economía del absurdo que actualmente se vive pueda de alguna manera generar mejoras sustanciales en Venezuela.

Mientras el absurdo se mantenga, la locura continúa…

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