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Colombia: las consecuencias económicas de la paz

Rafael Pampillón (Universidad CEU San Pablo e IE Business School) y Carolina Ramírez (Master en Economía por University College London)

Esta semana nos han llegado dos buenas noticias sobre el proceso de paz de Colombia. En primer lugar, que el presidente Juan Manuel Santos ha prorrogado hasta el 31 de diciembre de este año el alto el fuego con el grupo guerrillero de las FARC, que había expirado el pasado 2 de octubre. Segundo, que el otro grupo guerrillero colombiano el Ejército de Liberación Nacional (ELN) anunció, también esta semana, que iniciaba diálogos de paz con el gobierno, algo asombroso después de haber fracasado el plebiscito para aprobar los acuerdos de paz con las FARC.

Un plazo más largo y todos los actores discutiendo en la mesa de negociación van a ser un aliciente para que el gobierno de Colombia siga trabajando, sin precipitaciones, en las diferentes propuestas de paz. No obstante, tanto las FARC como el ELN así como las tendencias políticas que se oponen al presidente Santos (encabezadas por el expresidente Uribe) tendrán que tomar una posición un poco más abierta con el fin de lograr un acuerdo que logre un efecto positivo para la economía y los ciudadanos colombianos.

Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad del Planeta, el segundo exportador más grande de flores, el que tiene el café más suave y aromático y la cuarta economía más grande de América Latina. Sin embargo, por desgracia cuando pensamos en Colombia lo primero que se viene a la cabeza es el cultivo de cocaína, el narcotráfico, la guerra  y la inseguridad.

Ello se debe a que desde su independencia de España en 1819, ha sufrido diversos conflictos internos que se prolongaron hasta nuestros días, el último de ellos con los grupos guerrilleros que se conformaron en 1962, lo que representa medio siglo de conflicto y más de 7 millones de víctimas en todo el país.

El proceso de paz

Durante las últimas décadas ha habido un cierto interés político por parte de los distintos presidentes de la República para desarrollar diálogos de paz, pero muchos de ellos han sido infructuosos tal como ocurrió entre el gobierno de Andrés Pastrana y las FARC en el período 1998-2002. Otros en cambio como, por ejemplo, durante el gobierno de Virgilio Barco se llegaron a acuerdos con el grupo M19 (Movimiento 19 de abril) para su desmovilización en 1990.

Desde el año 2010, representantes del gobierno colombiano han estado dialogando, en La Habana, con el grupo guerrillero de las FARC, para llegar a un acuerdo de paz que se firmó el 26 de septiembre de 2016 en la ciudad de Cartagena (Colombia) donde asistieron personalidades políticas de los dos hemisferios. Sin embargo, este acuerdo, un documento de 297 páginas, no ha sido del agrado de muchos colombianos por lo que poco a poco han ido apareciendo en el país corrientes de opinión que consideraban que ese pacto daba demasiadas concesiones a las FARC.

Como la opinión entre los que estaban a favor del documento y los que estaban en contra se iba polarizando el presidente Santos llamó a las urnas a toda la población en edad de votar para que el 2 de Octubre contestaran SI o NO a una única pregunta que decía: “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. El resultado de la votación fue una ligera mayoría por el NO (una diferencia de menos de 100.000 votos) y una abstención de un 60%. Los resultados mostraron las grandes diferencias existentes entre los partidarios del Acuerdo de Paz que se firmó y los que estaban en contra de dicho acuerdo. A estos dos grupos hay que unir una parte importante de la población que tiene sentimientos encontrados entre esas dos facciones.

Como consecuencia de este resultado a favor del NO el panorama político y económico de Colombia se ha vuelto muy incierto, el pueblo está dividido y desmoralizado sin saber a quién seguir. Los partidarios del NO esperan que sus representantes (liderados por el expresidente Uribe) logren que las FARC y el Gobierno cedan, en algunos de sus puntos, mientras tanto los partidarios del SI solo quieren que las conversaciones tripartitas entre el Gobierno, los “uribistas” y la guerrilla logren alcanzar un acuerdo que libere al país del permanente conflicto y la inseguridad. Al mismo tiempo muchos colombianos están realizando marchas pacíficas para presionar a la mesa de dialogo  a pactar esa  paz tan anhelada.

Incertidumbre económica

Una paz va a permitir un cambio radical en el aumento de la inversión extranjera, de la productividad en la agricultura (un sector clave para la economía) y del crecimiento del PIB. Por tanto, el fin del conflicto que sufre Colombia desde hace 54 años supondría un nuevo impulso en el crecimiento económico del país, por la mejora de la seguridad y la llegada de inversores extranjeros.

Pero mientras la paz definitiva no llega el país avanza poco y los mercados están consternados lo que ha derivado en una devaluación del peso colombiano y en un mercado de valores inquieto. El FMI ha previsto que la economía colombiana registrará un crecimiento del 2,7% este año, un ajuste a la baja de 0,3 puntos respecto a sus estimaciones del mes de julio.

La reforma fiscal

El gobierno tiene además una fuerte presión de los organismos multilaterales y las agencias de rating, quienes anticipan un descenso en la calificación del riesgo-país de no aprobarse la reforma tributaria y la regla fiscal que obligaría al gobierno a mantener un déficit del 1.9% del PIB para 2018, por debajo del actual 3.5%.

Desgraciadamente, como el presidente Juan Manuel Santos ha perdido mucho apoyo político tiene muchas dificultades para aprobar la reforma tributaria que ha elaborado su ministro de hacienda Mauricio Cárdenas. Esperaba la aprobación de esa reforma en el Congreso de la República, tras un supuesto éxito en el plebiscito, pero al no triunfar el SI la aprobación parece que será bastante más difícil y turbulenta. Esta reforma fue pensada como una nueva fuente de ingresos fiscales para poder reducir así el déficit público. Efectivamente, pese a que Colombia en los últimos diez años ha crecido a un promedio de 3,9% anual, el desplome del precio del petróleo y de otras materias primas está perjudicando su crecimiento económico y el equilibrio de sus finanzas públicas.

El economista J. M. Keynes, demostró y predicó que por medio de castigos severos a los perdedores de una guerra no se llegaría a la paz sino que se generarían más odios y más guerras. De ahí la importancia de que cuanto antes los grupos armados, los opositores, el gobierno y la población colombiana, cierren sus heridas y busquen, a través del diálogo, acuerdos que lleven a la paz y, por tanto, a un futuro más próspero para este rico y hermoso país.