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LOS DIEZ HOMBRES MÁS RICOS DEL MUNDO SEGÚN FORBES

 
Los diez hombres más ricos del mundo según Forbes
La Revista Forbes publicó su más reciente “ranking” de las fortunas más grandes del mundo. Estos “milmillonarios” amasan una riqueza conjunta de $4,6 billones, por encima de los $4,5 billones de dólares del año anterior.Esta es la lista de los diez hombres con más dinero del planeta:

1.- Carlos Slim Helu
retiene el título de hombre más rico del mundo por tercer año consecutivo a pesar de que su fortuna se redujo en 5.000 millones de dólares en doce meses”, destacó hoy la revista estadounidense, que calcula en 69.000 millones de dólares la riqueza del empresario mexicano.2.- Bill de Gates,que este año ve aumentada su fortuna en 5.000 millones de dólares hasta los 61.000 millones.3.- Warren Warren Buffett pierde 6.000 millones y se queda con 44.000 millones.

4.- El francés Bernard Arnault, presidente del número uno mundial del lujo, posee 41.000 millones de dólares.

5.- El español Amancio Ortega, pasa del séptimo al quinto puesto con una fortuna de 37.500 millones de dólares.

6.- Lawrence Ellison, de Oracle, con 36.000 millones de dólares.

7.- El brasileño Eike Batista, que escala un puesto (7) con 30.000 millones.

8.- El sueco Stefan Persson, de H&M, con 26.000 millones.

9.- El chino Li Ka-shing con 25.500 millones

10.-El alemán Karl Albrecht con 25.400 millones.

La lista incluye este año fortunas de 58 nacionalidades, y por primera vez de países como Perú, Marruecos y Georgia, mientras que Estados Unidos sigue siendo, otro año más, el que más integrantes aporta con 425, una docena más que el año anterior, por delante de Rusia y China, en segundo y tercer lugar.

Tomado de: www.elmundo.com.ve

Autor: Jesús Rivero Bertorelli. 07/03/2012

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LA TRAMPA DEL RENTISMO PETROLERO Y SUS SECUELAS

El tema de la renta y el rentismo y su vinculación con la actividad petrolera nacional ha sido objeto de muchos debates y escritos.
 
Sin embargo, conviene hacer algunas precisiones al respecto y alertar sobre  esta trampa económica  a la que inexorablemente nos estamos precipitando, dadas las peligrosas circunstancias domésticas y externas  que hacen presentir el agotamiento de ese modelo, que ha sido pesado fardo para el desarrollo del país y, en gran medida, explica la crisis nacional, expresada en términos de inflación, inseguridad personal, deterioro institucional  y del aparato productivo interno, confrontación social y un éxodo que no tiene parangón en nuestra historia, especialmente de jóvenes que no vislumbran un futuro cierto en su propia patria.
 
Para algunos la renta representa el ingreso percibido por el dueño de un recurso por encima de su costo de oportunidad, en condiciones de competencia. También se habla de renta referida al ingreso que se deriva de la explotación y venta de un bien, bajo régimen de monopolio estatal; por lo que, en el caso venezolano, es muy apropiado hablar de renta petrolera por el hecho de que la explotación y comercialización de los hidrocarburos se realiza en forma exclusiva por el Estado venezolano. 
 
Hablamos entonces de rentismo cuando se promueven las condiciones para  beneficiar con la renta, procedente de la gestión  petrolera del Estado, a una colectividad sin que en la misma se haya realizado ningún esfuerzo productivo para alcanzar ese beneficio. Debemos aclarar que no toda renta es mala, ya que el esfuerzo para generarla, si se orienta con criterios productivos, puede actuar como un factor importante de desarrollo socioeconómico; pero  sus efectos perversos surgen cuando, a través de la distribución de esos ingresos públicos, se promueve el clientelismo y el hábito de la captura de la renta por un conglomerado social, en desmedro de la cultura del emprendimiento,  del esfuerzo productivo y la diversificación de la economía.
 
Tal como lo señala Coppedge, no existe en la región latinoamericana ningún país que tenga características tan profundas de economía rentista, de paternalismo estatal y de clientelismo como las que históricamente han estado presentes en Venezuela, especialmente desde que el petróleo surgió como factor determinante del proceso económico nacional. 
 
Es por ello que nuestro país encarna el modelo emblemático de una cultura del subdesarrollo, con todas las connotaciones de rentismo, realismo mágico y clientelismo, reforzadas por el peso determinante que ha tenido la economía petrolera gerenciada por el Estado.
 
Las ineficiencias de las economías rentistas petroleras, como la de Venezuela y las de los otros países de la Opep, que administran esa riqueza con los mismos criterios de renta y capitalismo de Estado, contrastan dramáticamente con otras economías, con un importante componente petrolero, pero con un desarrollo diversificado y en las cuales el recurso de los hidrocarburos se ha manejado exitosamente, con visión  de economía de mercado, porque su explotación no responde a los criterios rentistas y de monopolio estatal prevalecientes en los países de la Opep. 
 
En efecto, mientras que el ingreso petrolero genera en  Venezuela un PIB per cápita de cerca de $ 13.000, los habitantes del estado petrolero de Texas, por ejemplo, con una población similar a la nuestra, gozan de una economía de mercado diversificada, en la que el petróleo representa solo 5% del PIB, pero genera un PIB per cápita más de 3,5  veces superior al modelo rentista de nuestro país, es decir, cerca de $46.000, el más elevado de EEUU. En las valoraciones del Índice de Desarrollo Humano, que mide la calidad del desarrollo, en términos sociales, Venezuela -con un IDH de 0,697- también se muestra en desventaja con el estado de Texas, cuyo IDH es de 0,914.
 
Frente a las realidades descritas, el  reto que se plantea para el desarrollo  del país frente a  la excesiva dependencia petrolera y por la cultura rentista, estriba en la promoción de  un esfuerzo concertado y de largo plazo, a fin de lograr  un nuevo paradigma de desarrollo que, apuntalado inicialmente en los ingresos petroleros, impulse la diversificación de nuestra economía sobre la base del esfuerzo para incrementar la productividad y la competitividad en los mercados globales,  de los sectores productivos en los que Venezuela pueda desarrollar verdaderas ventajas comerciales, en los términos definidos por la nueva economía. Se trata de un magno proyecto que debe incorporarse dentro de un Acuerdo Nacional de Gobernabilidad y Desarrollo Incluyente, como plataforma para relanzar al país hacia el progreso sostenido, en el que todos debemos empeñarnos.
 
jmoreno@unimet.edu.ve
Director General del Celaup
 
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LA CRISIS IDEOLÓGICA DEL CAPITALISMO OCCIDENTAL por Joseph Stiglitz

Tan sólo unos años atrás, una poderosa ideología  –la creencia en los mercados libres y sin restricciones– llevó al mundo al borde de la ruina. Incluso en sus días de apogeo, desde principios de los años 80 hasta el año 2007, el capitalismo desrregulado al estilo estadounidense trajo mayor bienestar material sólo para los más ricos en el país más rico del mundo. De hecho, a lo largo de los 30 años de ascenso de esta ideología, la mayoría de los estadounidenses vieron que sus ingresos declinaban o se estancaban año tras año.

Es más, el crecimiento de la producción en los Estados Unidos no fue económicamente sostenible. Con tanto del ingreso nacional de los EEUU yendo destinado para tan pocos, el crecimiento sólo podía continuar a través del consumo financiado por una creciente acumulación de la deuda.

Yo estaba entre aquellos que esperaban que, de alguna manera, la crisis financiera pudiera enseñar a los estadounidenses (y a otros) una lección acerca de la necesidad de mayor igualdad, una regulación más fuerte y mejor equilibrio entre el mercado y el gobierno. Desgraciadamente, ese no ha sido el caso. Al contrario, un resurgimiento de la economía de la derecha, impulsado, como siempre, por ideologías e intereses especiales, una vez más amenaza a la economía mundial –o al menos a las economías de Europa y América, donde estas ideas continúan floreciendo.

En los EEUU, este resurgimiento de la derecha, cuyos partidarios, evidentemente, pretenden derogar las leyes básicas de las matemáticas y la economía, amenaza con obligar a una moratoria de la deuda nacional. Si el Congreso ordena gastos que superan a los ingresos, habrá un déficit, y ese déficit debe ser financiado. En vez de equilibrar cuidadosamente los beneficios de cada programa de gasto público con los costos de aumentar los impuestos para financiar dichos beneficios, la derecha busca utilizar un pesado martillo –no permitir que la deuda nacional se incremente, lo que fuerza a los gastos a limitarse a los impuestos.

Esto deja abierta la interrogante sobre qué gastos obtienen prioridad –y si los gastos para pagar intereses sobre la deuda nacional no la obtienen, una moratoria es inevitable. Además, recortar los gastos ahora, en medio de una crisis en curso provocada por la ideología de libre mercado, simple e inevitablemente sólo prolongaría la recesión.

Hace una década, en medio de un auge económico, los EEUU enfrentaba un superávit tan grande que amenazó con eliminar la deuda nacional. Incosteables reducciones de impuestos y guerras, una recesión importante y crecientes costos de atención de salud –impulsados en parte por el compromiso de la administración de George W. Bush de otorgar a las compañías farmacéuticas rienda suelta en la fijación de precios, incluso con dinero del gobierno en juego– rápidamente transformaron un enorme superávit en déficits récord en tiempos de paz.

Los remedios para el déficit de EEUU surgen inmediatamente de este diagnóstico: se debe poner a los Estados Unidos a trabajar mediante el estímulo de la economía; se debe poner fin a las guerras sin sentido; controlar los costos militares y de drogas; y aumentar impuestos, al menos a los más ricos. Pero, la derecha no quiere saber nada de esto, y en lugar de ello, está presionando para obtener aún más reducciones de impuestos para las corporaciones y los ricos, junto con los recortes de gastos en inversiones y protección social que ponen el futuro de la economía de los EEUU en peligro y que destruyen lo que queda del contrato social. Mientras tanto, el sector financiero de EEUU ha estado presionando fuertemente para liberarse de las regulaciones, de modo que pueda volver a sus anteriores formas desastrosas y despreocupadas de proceder.

Pero las cosas están un poco mejor en Europa. Mientras Grecia y otros países enfrentan crisis, la medicina en boga consiste simplemente en paquetes de austeridad y privatización desgastados por el tiempo, los cuales meramente dejarán a los países que los adoptan más pobres y vulnerables. Esta medicina fracasó en el Este de Asia, América Latina, y en otros lugares, y fracasará también en Europa en esta ronda. De hecho, ya ha fracasado en Irlanda, Letonia y Grecia.

Hay una alternativa: una estrategia de crecimiento económico apoyada por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

El crecimiento restauraría la confianza de que Grecia podría reembolsar sus deudas, haciendo que las tasas de interés bajen y dejando más espacio fiscal para más inversiones que propicien el crecimiento. El crecimiento por sí mismo aumenta los ingresos por impuestos y reduce la necesidad de gastos sociales, como ser las prestaciones de desempleo. Además, la confianza que esto engendra conduce aún a más crecimiento.

Lamentablemente, los mercados financieros y los economistas de derecha han entendido el problema exactamente al revés: ellos creen que la austeridad produce confianza, y que la confianza produce crecimiento. Pero la austeridad socava el crecimiento, empeorando la situación fiscal del gobierno, o al menos produciendo menos mejoras que las prometidas por los promotores de la austeridad. En ambos casos, se socava la confianza y una espiral descendente se pone en marcha.

¿Realmente necesitamos otro experimento costoso con ideas que han fracasado repetidamente? No deberíamos, y sin embargo, parece cada vez más que vamos a tener que soportar otro. Un fracaso en Europa o en Estados Unidos para volver al crecimiento sólido sería malo para la economía mundial. Un fracaso en ambos lugares sería desastroso –incluso si los principales países emergentes hubieran logrado un crecimiento auto-sostenible. Lamentablemente, a menos que prevalezcan las mentes sabias, este es el camino al cual el mundo se dirige.
 
El autor es profesor de la Universidad de Columbia, Premio Nobel de Economía y autor de “Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy”.

Tomado de:  http://cl.m.globedia.com/joseph-stiglitz-crisis-ideologica-capitalismo-occidental