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LA MORALEJA DEL SUELDO DE LAGARDE

El Fondo Monetario Internacional ha dado una lección de transparencia al publicar el contrato de su nueva directora, Christine Lagarde. Un ejemplo que podrían seguir nuestros empleados públicos.El otro día recibí un correo electrónico extraordinario que merece comentario y análisis: el contrato de Christine Lagarde como directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional. No era una filtración de un amigo cotilla, ni siquiera un spam de grupos anónimos de presuntos indignados. Se trataba de una comunicación oficial del FMI en un alarde de transparencia informativa que merece elogio.

Qué lección de eso que los anglosajones llaman accountability en plena batalla sobre la opacidad de la SGAE. El contrato establece la remuneración completa de la nueva directora, incluyendo dietas, beneficios, gastos de libre disposición y derechos de pensión, cumpliendo así con las directrices de buen gobierno que tantos proclaman y tan pocos cumplen; pocos en el sector privado y ninguno en el público.

Es de admirar que el FMI publique el salario de su directora, aunque sea motivo de escándalo, porque no se oculta ante la realidad de que un funcionario competente debe ser bien remunerado.

Ya me gustaría tener un documento semejante, una copia del contrato, de los presidentes de las empresas públicas españolas por ejemplo. Ya sé que se presta a todo tipo de demagogia, pero ésta se combate con información, educación y valor político.

Si hay que ponerle una pega es que el sueldo de Lagarde se actualiza con la inflación y no con la productividad, lo que contradice directamente la política económica recomendada por el FMI. No han estado muy inteligentes en este punto, supongo que porque conllevaba lesionar derechos adquiridos y prácticas establecidas y exigía negociar con los sindicatos internos de profesionales. Pero parecería lógico, porque lo que es bueno para la administración, griega debe serlo también para el Fondo.

La única pega que puede ponerse a la retribución de Lagarde es que su sueldo esté ligado a la inflación, cuando el organismo que preside pide a los países unirlo a la productividad.

No he sido partidario del nombramiento de la ex ministra francesa. Creo, y así lo he escrito, que su nombramiento es un error por múltiples razones. Es un político y los tres anteriores no han dado muy buen resultado al frente del organismo internacional. Su designación es un paso más hacia la politización de la institución, alejándola de su imprescindible carácter técnico. No es economista y, aunque pueda sonar a corporativismo por mi parte, no me imagino a un Premio Nobel de Economía dirigiendo el Tribunal Penal Internacional. Y lo peor, es europea, lo siento, no soy nacionalista ni en esto, y Europa es, precisamente, el principal acreedor de ese organismo. Su nombramiento es como si Bankia hubiera elegido presidente al jefe de la patronal inmobiliaria. Pero dicho esto, el contrato y su publicidad son impecables y una lección para muchos.

Habrá escándalo y rasgado de vestiduras, sin duda, por el elevado salario, pero en eso el FMI también es digno de admirar. El principio es simple: si uno quiere altos funcionarios competentes, tiene que estar dispuestos a pagarlos adecuadamente. Lagarde pierde dinero asumiendo esta responsabilidad y lo hace por voluntad de servicio público y un poco de ambición, que también es legítimo. Es un principio a imitar por todas las administraciones públicas. Ahora que toca austeridad, hay que hacerlo racionalmente y sin poner en peligro la eficacia de la administración ni aumentar su dependencia del sector privado.

Menos funcionarios y mejor pagados mejorarían la calidad del servicio público y responderían mejor a las necesidades de la Administración en una economía de mercado.

Menos funcionarios y mejor pagados, con una distribución sesgada hacia puestos técnicos y elevados niveles de escolarización, mejoran la calidad del servicio público y responden mejor a las necesidades de la Administración en una economía de mercado. Es una alternativa sin duda más eficiente que estrategias populistas de congelación salarial y estigmatización de los funcionarios porque no hay coraje político para coger la tijera y eliminar puestos innecesarios, que normalmente son de baja cualificación. Ojala cunda el ejemplo.

Fernando Fernández. Profesor. IE Business School
13 de Septiembre de 2011